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Juego de los topos

Sale un topo, tú golpeas. Treinta segundos, nueve agujeros y ninguna piedad.

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Sobre este test

El juego del topo nació como atracción de feria y de salón de arcade japonés en los años setenta: un mueble, unos agujeros y un mazo de espuma. Su traslado a la pantalla conserva lo esencial, es decir, una prueba de tiempo de reacción con un componente que los test de reacción clásicos no tienen: no sabes dónde va a aparecer la señal.

Esa incertidumbre espacial es la que crea toda la dificultad. Una prueba de reacción pura mide el retardo entre una señal esperada y tu gesto. Aquí hay que detectar primero el sitio, lo que añade una etapa de búsqueda visual. Los jugadores mediocres escrutan los agujeros uno a uno, que es la peor estrategia posible con nueve objetivos; los buenos fijan el centro del tablero y se apoyan en la visión periférica, que detecta el movimiento muy bien aunque distinga mal los detalles.

Segundo punto, este físico: la distancia que recorre tu mano cuenta tanto como tu velocidad de percepción. Volver al centro después de cada golpe reduce el trayecto medio hasta el objetivo siguiente, y la ventana de aparición se acorta con cada topo tocado.

Cómo funciona

Treinta segundos, nueve agujeros y un topo visible a la vez. Su duración en pantalla empieza alrededor de nueve décimas de segundo y baja con cada topo tocado, hasta un suelo de unas tres décimas. La puntuación sobre 100 parte de cinco topos y se topa en cuarenta y cinco.

Este test se ofrece únicamente como entretenimiento. No constituye un diagnóstico ni una opinión profesional.